31 de agosto de 2010

"ABANDONANDO LA DUDA A LA SUAVE BRISA"

¿Tú?
Abandonando la duda a la suave brisa, cerró los ojos y se dispuso a escuchar a su piel desnuda. No tardó en sentir de nuevo sus caricias, las traía la brisa llena de dudas.



Paréntesis
Abandonando la duda a la suave brisa, casi sin darme cuenta, dejé de ver su imagen unos momentos. Y así,en ese impás, apareciste tú, mi joven y atrevida Celia: la risa ancha, la piel morena y ese diminuto bikini azul turquesa, demasiado pequeño para tus senos, sin sitio para las dudas.



No
Abandonando la duda a la suave brisa abrió sus manos y vio como los pétalos del sí se elevaban hasta perderse de vista.

Ser o no ser
Abandonando la duda a la suave brisa cerró los ojos, acomodó su cuerpo desnudo sobre la arena y dejó la cuestión para otro día.


Sobrevivir
Abandonando la duda a la suave brisa, intentan dormirse. No es fácil: el pasado les ha expoliado, el presente ruge en sus estómagos y el mañana les espera con las manos vacías.

BOOMERANG

Abandonando la duda a la suave brisa, cerró los ojos y se dispuso a escuchar a su piel desnuda. No tardó en sentir de nuevo sus caricias, las traía la brisa llena de dudas.

13 de agosto de 2010

12 de agosto de 2010

Un peluche en el moisés

Un par de piedras planas encastradas en los ojos, negras y brillantes y un mono de felpa azul celeste cubriendo su cuerpecito tierno y frágil, relleno de serrín, le daban aquel aspecto de peluche abandonado e inerte. No fue difícil aprender la técnica, la red estaba plagada de páginas con información detallada del ancestral método. Era su octavo aborto y no estaba dispuesta a enterrar ni un sólo bebé más.

Voyeur



Un par de piedras planas encastradas en los ojos ocupan hoy el lugar de los míos. No pensé que te los llevarías puestos aquel fatídico día en que te los puse encima.

Imagen de José Luís Pajares, 1995.

Y CÓMO NO

Pintura de Roberto Dhávila
Un par de piedras planas encastradas en los ojos de ambas cerraduras nos impedían entrar en aquella casona antigua. Llevábamos semanas planeando la visita. Sabíamos que pronto sería derruida y ansiábamos retener con nuestras cámaras las últimas imágenes de su interior. Las leyendas tenebrosas que los lugareños alimentaban sobre ella la hacían aún más atractiva. Por fin conseguimos entrar, sigilosamente, a tientas, en medio de aquella inquietante negrura. Y cómo no iba a ser de noche y dejar de funcionar las dos linternas a la vez, cómo no íbamos a sentir el miedo pertinente con la aparición de los primeros ruidos extraños , cómo no se iba a acercar Soledad a mi cuerpo, estremecida, temblando asustada, como no iba yo entonces a sentirme el ser más feliz de la tierra. Como no: de éso se trataba.

Holocausto (finalista)

Un par de piedras planas encastradas en los ojos de los muertos, el único modo de borrar el horror de sus miradas. Los prisioneros, ajenos a todo, seguían sin entender aquel trabajo absurdo de  reunir dos millones de piedras planas.