Recién llegados del paseo, comidos y bebidos, se relajan y duermen. Falto yo, al fondo, estirada sobre esos cojines del sofá acomodando mis dolores hasta que cesan. Me uno a ellos. La calma que se respira se alía con esa luz, sol de abril que todavía no acalora, creando una empatía mágica entre todos los seres vivos de la estancia: los tres somos perros; los tres, humanos; los tres;luz: los tres, siendo y estando, sin más. Desearíamos tener al fondo un gran jardín y muchos campos cercanos para caminarlos y correrlos. No los hay pero no importa: somos nosotros, estamos aquí, nos queremos, nos cuidamos y nos calmamos. Nos hacemos sencillos, humildes y grandes a la vez.
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