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15 de mayo de 2014

Un adiós incompleto.



Nos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir. Fueron suficientemente cómodas sus excusas para tanto moratón y tanta gafa de sol en la oficina. Hoy ya no puede haber respuestas a las preguntas que debimos hacerle; tan solo, un séquito de coronas de flores y remordimientos adornadas con cintas de palabras a destiempo.

13 de abril de 2014

VA POR MÍ




Le deseé que tuviera un buen turno aunque mis ojos le augurasen lo contrario: en pocas horas, un aviso de incendio le traería a nuestra casa para fundirnos en un último abrazo.

3 de febrero de 2011

PREVARICACIÓN

Rutinariamente intercambio sus pulseras identificativas, ese fue el pacto.
No fue fácil. Tras casi seis meses de discusiones, fue finalmente  aprobado por la Asamblea de los Ciento Treinta.
Debíamos desprendernos del sentido de la propiedad desde el principio, desde las entrañas. Sería la única manera de empezar de nuevo para los que quedamos, nuestra única ley después del estrepitoso fracaso del sistema y de la catástrofe que asoló nuestro planeta.

Hoy, si todo va bien, quince,  contando la mía. Mi Marisa entró de parto hace ya tres horas: hoy nace mi Sofía, la estoy esperando. Ella será ella.

28 de septiembre de 2010

CUSTODIO

Como los ángeles al caer el sol, me acurruco en los sueños de mi protegida. Allí la amo apasionadamente y la acuno a caricias hasta que amanece.
Marina acude al centro de día todas las mañanas con una gran sonrisa. Ella no recuerda por qué es tan feliz, ni tantas otras cosas.

19 de septiembre de 2010

INGESTA (v.o.)

Y dio otro bocado. Volvió a saborearla, pero esta vez le supo diferente Aún así seguía teniendo un cierto gusto a humano. El gesto de su cara alertó al profesor que se le acercó sonriendo: “No está tan mal Isabel, no es fácil huir de los tópicos. Nada es lo que parece y es bueno probarlo todo”. Ella asentía sin poder articular palabra, con la boca llena, pasándose de un lado a otro aquella frase aparentemente blanda y dulce, intentando que no acabase en un microrrelato de caníbales.

22 de junio de 2010

ENTRE LÍNEAS

Pedro, el oculista, había salido corriendo  ante los ojos atónitos y casi ciegos de Cecilia que sin embargo había sentido su miedo. Momentos antes medía su reducida visión con aquella especie de escafandra en la que alternaba cristales cada vez con más aumento: “ce,... e,... ce, ….i,... ele, ...i,... a” (sorprendida ) le aseguro doctor que es lo que veo. No estoy para juegos Cecilia, a ver ahora... (molesto, conoce su humor y su problema desde niña). A ver...“t e ... e ... a ... eme … o..”( avergonzada de lo que acababa de leer).

23 de mayo de 2010

Inspiración

La cena se enfriaba encima de la mesa  y Marcela, exhausta, no podía dejar de escribir. Los días pasaban y el olor a carne en descomposición invadía la estancia. Afortunadamente su mano derecha seguía en buen estado y pudo firmar la novela.

29 de abril de 2010

No hay palabras

Collioure, 2010



Seguimos sin hablarnos y nunca habíamos sostenido silencios más de un día. Nuestros desencuentros sólían acabar bajo las sábanas, donde nuestros cuerpos eran incapaces, en la acercanza,  de albergar ningún tipo de rencor. Pero anoche fue distinto, se hizo la dormida, no nos tocamos.
Han pasado dos días y dos noches, tres horas, dos minutos y un segundo... y seguimos sin hablarnos.

20 de abril de 2010

Que llueva, que llueva...


La de los días de lluvia era diferente, mimetizaba con la suya, no era una tristeza solitaria. La de los días de sol era mucho más dolorosa, desgarradora su ausencia, hiriente su distancia, absolutamente muerta su mirada. Salió a la calle, sin paraguas, nadie podría distinguir entre la lluvia y las lágrimas.



"J'écoute en soupirant la pluie qui ruisselle
Frappant doucement sur mes carreaux
Comme des milliers de larmes qui me rappellent
Que je suis seule en l'attendant. (,,,)"

18 de abril de 2010

SU MIRADA

La de los días de lluvia era especial, nunca supo por qué. Apenas se cerraban las primeras nubes en el cielo y caían las primeras gotas, sus pupilas se movían agitadamente, yo sabía que tenía que acercarlo a la ventana y entonces sus ojos empequeñecían y una media sonrisa dibujaba cientos de arrugas en su rostro, su único gesto humano, el que volvía con las lluvias.

Que llueva

Que llueva
La de los días de lluvia era diferente, mimetizaba con la suya, no era una tristeza solitaria. La de los días de sol era mucho más dolorosa, desgarradora su ausencia, hiriente su distancia, absolutamente muerta su mirada. Salió a la calle, sin paraguas, nadie podría distinguir entre la lluvia y las lágrimas.