13 de abril de 2010

SIN PLEBEYOS

Ella no necesitaba reyes de su casa, ni corona,  ni vasallos entregados, ni infantas caprichosas, ni príncipes azules, ni palacios.  Le bastaba con sentirle a su lado, diferentes pero iguales, sin derechos de pernada, libres de marchar o de quedarse. 
Con él su alma andaba siempre en zapatillas, medio desnuda, con la caricia a flor de piel y el beso puesto. Nunca entendió el amor de otra manera,  ni siquiera en los tiempos de la lucha, cuando  la soledad que le impuso su partida,  ganaba alguna batalla. Hoy su alma sigue paseando libre y desnuda por la casa, en zapatillas,  victoriosa y viva : guardados el beso y la caricia en aquella cajita, con sus cosas.

5 comentarios:

  1. Encantador blog el tuyo, un placer haberme pasado por tu espacio.


    Saludos y un abrazo enorme.

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  2. Pues bienvenido a mi pequeño rincón, nos vemos por aquí cuando quieras. Me alegro de que te guste.

    Un abrazo

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  3. ¡Y tantas veces os han contado a vosotras el cuento del príncipe azul! ¡Y cuántos desengaños!

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  4. Mientras cada uno tenga su príncipe o su princesa a su lado, me seguiré considerando un republicano monárquico, hasta que la princesa me convierta en su vasallo, claro...

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